Coronel Domingo Monterrosa

Memorias del TCnel. Art. DEM Domingo Monterrosa Barrios. Héroe, estratega militar y aguerrido soldado Salvadoreño comprometido con el pueblo, sus tropas, la Fuerza Armada y la constitución de la República de El Salvador

Wednesday

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September 2012

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LA VISIÓN DE LA GUERRA DE MONTERROSA

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Domingo Monterrosa no entendía la guerra como lo hacían los políticos o los mercaderes de la guerra.

Él era un profesional de las armas, había aprendido a cumplir su deber con honor, y su deber consistía en resguardar la soberanía nacional y la integridad del territorio nacional.
Monterrosa sabía que la guerra tenía un trasfondo político: la visión comunista de los terroristas del FMLN que pretendían, según la teoría marxista, tomar el poder por las armas, no por la voluntad popular, al costo que sea. Recordemos que él siguió el Curso de Guerra Política en Taiwan, y conocía a perfección los detalles de la conspiración comunista internacional.
Sabía también que los políticos salvadoreños trataban de instaurar un sistema democrático y constitucional de derecho, pero nunca le interesó la política partidaria, a pesar de ser compañero de promoción en la Escuela Militar con el Mayor Roberto Daubuisson, fundador del Partido ARENA, a quien le salvó la vida el 7 de mayo de 1981 cuando iba a ser fusilado junto a un numeroso grupo de los fundadores de ese partido por orden del Coronel Majano, con el pretexto de que estaban organizando un golpe de estado contra la Junta Revolucionaria de Gobierno, pero también a quien no quiso recibir en la Tercera Brigada de Infantería cuando el Mayor andaba en la campaña presidencial de 1984, ya que su lucha no era política sino militar.

El Coronel Monterrosa no entendía la guerra como una fuente de enriquecimiento, siempre vivió pobremente y murió pobremente, como mueren los héroes. Nunca se prevaleció de su cargo creando plazas fantasmas, ni cobrando seguros de soldados que nunca murieron porque nunca existieron, ni apropiándose del dinero del rancho de los soldados, ni recibiendo sobornos en la Policía Nacional, ni creando gastos ficticios en los operativos, ni vendiendo armas, ni negociando con la guerrilla.

Por eso la guerrilla lo odiaba, porque cumplía a cabalidad su misión como militar y como comandante de unidad, nunca se prestó a ninguna movida, aunque muchas veces las descubrió o fue víctima de ellas, como cuando arrebató armas a la guerrilla en oriente que ya habían sido capturadas anteriormente en un operativo en Chalatenango ¿Cómo salieron de los almacenes de la Fuerza Armada? o cuando durante un operativo en Morazán los cartuchos de 5.56 mm de los M-16 no percutaban, y descubrió que era munición vencida que había sido maquillada para hacerla pasar por munición nueva.

Monterrosa era incapaz de poner en riesgo la vida de un tan solo recluta a cambio del cochino dinero. Ese sobrepeso nunca lo anduvo en su mochila ni en su conciencia.
Él cumplía su deber como soldado y presentaba resultados a través de las victorias en sus operaciones, y cuando sufría un revés, corregía y avanzaba, nunca se rindió.
Tenía grandes diferencias entre la visión de la guerra del Alto Mando y sus planes de victoria militar. Días antes de morir le solicitó al Estado Mayor más recursos para la Operación Torola IV, asegurando una limpieza total del norte de Morazán, pero se los negaron, claro, su estrategia junto al Pentágono era la llamada Guerra de Baja Intensidad que buscaba desgastar en el tiempo al enemigo y no una victoria definitiva, arrasadora y total como la que pretendía el Coronel Monterrosa.

Definitivamente Monterrosa no era político, y quizás esta no era su guerra, porque era una guerra sucia que no podía ser peleada con honor. Quizás ni siquiera era la época de Monterrosa, porque ya no se lucha con honor. Probablemente Monterrosa era un espíritu guerrero de las guerras de la antiguedad donde la guerra era guerra, donde la lucha era frontal, cuerpo a cuerpo, no en las mesas de transe como muchos lo hicieron a costa de la vida de miles de salvadoreños.

Pero Monterrosa goza ya de la Gloria de la Eternidad, ya ha recibido los verdaderos laureles del honor de manos del Gran Comandante. Pero su ejemplo queda a los militares de ayer, de ahora y de mañana como un modelo a seguir si se quiere vivir, y sobre todo, morir con honor.

Por la Patria y con Dios

Sgto. Guido Miguel Castro

2 Comments

  1. David Pleites
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