Editorial de Domingo Monterrosa

DOMINGO MONTERROSA REFUNDO EL EJÉRCITO

Foto El Diario de Hoy

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La muerte heroíca de Domingo Monterrosa el 23 de octubre de 1984 marcó un antes y un después en el Ejercita Nacional.
Ningún militar salvadoreño que se precie de serlo puede ignorar la figura heroíca de Monterrosa Barrios.
Con cualquier oficial que se hable de mi Coronel, tiene a flor de labios el adjetivo de “héroe”, nadie lo puede calificar de otra forma, solo los terroristas y sus sobalevas.
Ser como el Coronel Monterrosa es la meta de cualquier militar que ame entrañablemente la carrera de las armas, emularlo, imitarlo, seguir su ejemplo, vivir sus principios y valores es el objetivo de cualquier caballero cadete.
También lo es de cualquier paracaidista o soldado de fuerzas especiales, ya que él fue el fundador de este tipo de unidades en el país, tanto el Escuadrón Aerotransportado como el legendario Batallón Atlacatl.
Su entrega, arrojo, valentía y concepto del cumplimiento del deber es modelo a seguir por cualquier comando salvadoreño, porque aunque no existe un conflicto declarado, los enemigos de la Patria se encuentran agazapados buscando el momento preciso para lanzar su ataque apátrida contra los más preciados intereses de la Patria, y el comando de fuerzas especiales está listo las veinticuatro horas del día y los trescientos sesenta y cinco días del año para entregarlo todo, hasta su propia vida, por defender la Patria por la que un día juramos Vencer o Morir.
Cómo quisieramos muchos tener la fuerza y la hagilidad de nuestros años mozos para reingresar a nuestra querida Fuerza Armada, como quisieramos portar con dignidad nuevamente el uniforme que distingue al soldado nacional, llevar el M-16 en nuestras manos o el G-3 A2 de los paracaidistas de antaño, camuflajear nuestros rostros y equipos y salir a la cacería de los delincuentes terroristas, ser aerotransportados en los UH o lanzarnos al vacío en salto de combate para sorprender al enemigo, parapetarnos con el M.14 y lanzar tiros certeros como francotiradores, montar emboscadas por horas y días y golpear el corazón del enemigo. Pero la realidad es otra y el paso inexorable del tiempo hacen mella en nuestros cuerpos, pero la puntería no la hemos perdido ni el valor y el arrojo que nos llevaría a defender nuevamente a la Patria.
Por eso usamos ahora nuestro intelecto y nuestra pluma, para que las nuevas generaciones de soldados, clases, jefes y oficiales vuelvan a vivir con esos ideales que luchamos los que salvamos a nuestro País de la opresión comunista, de los que vimos derramada la sangre de nuestros compañeros y la nuestra en medio del fragor del combate.
La nueva Fuerza Armada debe surgir según el modelo del soldado Monterrosa Barrios, porque antes que un jefe fue un soldado y nunca lo dejó de ser, nunca olvidó su juramento y cumplió a costa de su propia vida.
Si un hombre de uniforme no está dispuesto a seguir los pasos de Domingo Monterrosa mejor sería que lo entregara antes que lo profanara con una traición a los más altos ideales de la Patria.
No está lejano el día en que Monterrosa sea considerado el procer de los nuevos tiempos, el refundador de la Fuerza Armada que junto al General Arce gritan desde la eternidad una nueva frase; la República vivirá mientras viva el Ejército
Por la Patria y con Dios

Sgto. Guido Miguel Castro

MONTERROSA FUE UN OFICIAL FUERA DE SERIE

En la vida militar, a medida que se asciende en grado, la vida se va haciendo más cómoda, y por supuesto, las libras extras empiezan a aparecer y las consecuentes enfermedades derivadas, como la hipertensión y la diabetes.
Al mismo tiempo, a los subalternos se les ven con desdén y hasta con desprecio y se les someten a los mismos castigos y abusos a los que el oficial se vio expuesto cuando recluta o cadete. Es una especie de tradición en el Ejército. En la alimentación es igual. La comida de los oficiales siempre es de superior calidad que la de la tropa, y a veces, el oficial encargado del “rancho”, compra la comida de peor calidad para que “alcance” el presupuesto destinado a ese rubro tan importante en una unidad militar.
Igual en el manejo de fondos en la guerra, a la mayoría de oficiales nunca les alcanzaba el dinero que manejaban, a Monterrosa no solo le sobraba, sino que siempre pagaba lo justo en todo lo que compraba, hasta en las tortillas que encargaba para la tropa en operación.
Domingo Monterrosa era lo contrario a todo esto.
Desde que era cadete, se exigía más de lo normal para su grado, y sin tener una contextura física superior al promedio, su fuerza, agilidad y destreza física era superior a la de todos sus compañeros. subía la cuerda en escuadra como si fuera una máquina, corría a mayor velocidad que cualquiera en distancias cortas y tenía una resistencia en el trote de distancias largas superior a cualquiera de los mejores corredores del Ejército. Siempre fue famoso su trote de la Fuerza Aérea con los paracaidistas hasta el antiguo Hotel Sheraton en la Colonia Escalón. Pocos regresaban corriendo con él a la Base.
Nunca vió de menos a sus soldados ni a los civiles. A sus subalternos los trataba como hijos y su salud y alimentación eran vitales para él. No solo supervisaba las compras del rancho, sino que además, consiguió con el Ejército Norteamericano buenas raciones de comida para la tropa en la base y en operación. Igualmente se preocupaba de cualquier dolencia de los elementos de tropa y oficiales y practicaba la medicina preventiva entre su personal.
Los castigos los transformaba en refuerzo de la formación física, nunga golpeó a sus soldados ni los insultaba, nunca los abandonó en combate y más de una vez se sacrificó por un soldado herido que necesitaba ser transportado con urgencia.
Igualmente lo hacía con la población civil, un día una señora dió a luz en su helicóptero, fue evacuada de Ciudad Barrios.
Comía junto a la tropa, más de una vez una tortilla con frijoles fue compartida entre él y dos soldados más. Le sabían a gloria.
Su oficina en el Batallón y en la Tercera Brigada siempre fue sencilla, con lo escencial para un hombre que tenía su área de trabajo fundamentalmente en el teatro de operaciones.
Tuvo un perro, Huragan, un pastor blanco, que comía lo mismo que él, que trotaba con él, que saltaba en paracaídas con él, y que murió como él en el aire.
Tenía unos pocos uniformes, que ahora podemos contemplar en el Museo de Historia Militar, nunca utilizó armamento sofisticado y vestía como cualquiera de sus soldados, combatía junto a ellos, se arrastraba con ellos, se desvelaba con ellos, reía con ellos, bailaba con ellos, gritaba junto a ellos, lloraba con ellos, vivía como uno de ellos y murió como ellos en el cumplimiento del deber.
Definitivamente, Domingo Monterrosa Barrios antes que oficial fue soldado de la Patria y permaneció así hasta el momento de su muerte heroíca y así lo consideraremos hasta que un día todos los BIRIA y los hermanos de la seda nos reagrupemos en el cielo.
Esa humildad lo hizo grande, su felicidad en la tierra fue lo sencillo de la vida y el cumplimiento del deber. Nunca se complicó la vida con ambición desmedida, vivía con lo que ganaba y menos, no estaba atado a las cosas materiales, porque en realidad siempre fue un guerrero del cielo, un titán del aire, un aerotransportado en todo el sentido de la palabra, un soldado de fuerzas especiales que aprende a vivir con lo escencial, con poco peso en la mochila para moverse con libertad y agilidad, porque la misión se cumple a cabalidad y con rapidez.
¡¡¡Gracias mi Charly por haber sido como uno de nosotros!!!!!!
Por la Patria y con Dios

Sgto. Guido Miguel Castro

NO SE PUEDE NEGOCIAR CON TERRORISTAS

Negociar con terroristas a costa de los más altos intereses e ideales de la Patria es traicionarla de la manera más vulgar.
Es la forma más cómoda de ejercer el poder y una burla a la sangre derramada por los héroes que han ofrendado su vida en el cumplimiento del deber.
Pretender llevarse los “laureles de la paz” pasando por encima del marco constitucional y de las leyes de la República es burlarse de todo el pueblo que día a día trabaja por llevar el sustento a sus familias y por respetar el estado de derecho.
No se puede premiar a los delincuentes, mucho menos a terroristas que juegan con la sangre y el dolor del pueblo. ¿Donde queda el dolor de las víctimas? ¿Acaso es necesario ser terrorista para obtener favores del Estado como pasó en 1992?
En esa ocasión, miles de héroes anónimos, miembros de alta de los cuerpos de seguridad y de los Batallones de Reacción Inmediata, fueron despedidos sin mayor beneficio y a los terroristas que sembraron el dolor se les premiaron con puestos, tierras y privilegios de los que todavía siguen gozando.
Hombres como Domingo Monterrosa dieron hasta la última gota de su sangre para derrotar a los delincuentes terroristas, y al final quieren hacerlos pasar como los malos del conflicto.
Ahora está pasando el País por algo similar: el gobierno de Funes, el que ha pretendido ofender la memoria de nuestros héroes, ha negociado con los terroristas de la MS de la Mara 18, lo hicieron a través del actual Viceministro de Seguridad, anteriormente Director de Centros Penales. El gobierno de Funes ofreció privilegios para 30 líderes de maras, entre ellos los asesinos del 13, el Viejo Lin y el Sirra, a cambio de bajar los homicidios para que pareciera que era producto de las políticas de seguridad de Munguía Payés y que los mareros y sus familias votaran por el FMLN!!!!!!!!
DE ESA MANERA FUNES LE PREPARABA EL CAMINO A LA CANDIDATURA PRESIDENCIAL A MUNGUÍA PAYÉS, QUIEN NHA DESONRADO EL UNIFORME DE LA GLORIOSA FUERZA ARMADA.
Como camuflaje de esta espúrea negociación, involucran a Mons. Colindrés a quien ha dejado solo la Conferencia Episcopal, para hacerlo parecer como un “acuerdo entre maras”.
No solo negocian con terroristas facilitandole su labor de extorción contra el pueblo honrado, sino que le tocan la cara al Órgano Judicial y pretenden verle la cara al Pueblo. Nada hay escondido entre el cielo y la tierra.
Por eso es vital rescatar los valores que nuestros héroes nos legaron y por el honor de su memoria y de la sangre que derramaron tenemos que levantar con valentía nuestra voz como un día levantamos nuestros fusiles contra los delincuentes terroristas.
Por la Patria y con Dios

Sgto. Guido Miguel Castro

FORMANDO PATRIOTAS DESDE EL EJÉRCITO

Domingo Monterrosa y el pueblo Salvadoreno

Domingo Monterrosa comprendió que el Ejército no era simplemente una fábrica de máquinas de guerra, sino una escuela de patriotismo.
La mayoría de jóvenes que ingresaban al ejército en la guerra y en la actualidad, son jóvenes de extracción muy humilde, pero no por ello incapaces de grandes actos heroicos como diariamente lo demostraban en el fiel cumplimiento del deber.
En ese sentido se preocupó en la formación de sus cuerpos y sus espíritus. Supo combinar la educación espartana, sin llegar al maltrato o la humillación, y la educación ateniense, inculcándole el amor por la patria, la teoría militar y conocimientos básicos para poder desempeñarse en la vida civil una vez terminaran su servicio militar o la guerra misma.
Monterrosa se exigió y se continuó exigiendo a sí mismo durante toda su vida, para adquirir una capacidad física superior a la de sus compañeros de armas, y sabiéndose negarse a sí mismo podía con propiedad exigirle que lo hiciera a sus soldados. Sabía ignorar el dolor, el cansancio, el hambre, porque existía un ideal superior: el cumplimiento del deber por la patria.
Pero sus soldados no eran simples soldados de infantería, eran soldados de fuerzas especiales, caracterizados por una capacidad superior de combate y un coraje por el cumplimiento de la misión encargada por sus superiores con el único límite de la entrega de la propia vida, la cual se entregaba con gusto, porque se sabían seres escogidos y predestinados para el honor de los héroes.
Muchos patriotas los identificamos por las estatuas que la sociedad les erige en algún momento de la historia, pero los patriotas formados por Monterrosa quizás han quedado en el anonimato y ojalá algún día se les honre siquiera en un monumento nacional al Soldado Desconocido, quizás como el levantado en los Estados Unidos en memoria de los soldados caídos en Vietnam, en su momento muy incomprendidos, pero que igual entregaron su vida por la bandera de las barras y las estrellas.
El comando Atlacatl llevaba la Patria en su corazón y en su mente, al portar y usar su fusil lo hacía no con odio, sino con el deseo de usarlo contra los enemigos de su amada Patria, según las órdenes de sus superiores.
En el fragor del combate no conocía el miedo, las balas pasaban sobre ellos sin tocarlos, porque conocían el arte de la guerra de guerrillas, tan antigua como la misma guerra. Poseían una capacidad de fuego inigualable, desde las alturas, los desembarcos aerotransportados eran especialmente temidos por la guerrilla. El único abastecimiento que necesitaban era de munición, porque el hambre no era obstáculo para cumplir la misión, y si se acababa la munición, también su capacidad era inigualable en el combate cuerpo a cuerpo y en las trampas elaboradas con materiales de la naturaleza.
De esos patriotas necesitamos ahora, que entreguen la vida no por dinero, ni por banquetes, ni por honores, solo por amor a la Nación que los vio nacer.
Desgraciadamente en la actualidad, el mercantilismo ha opacado el patriotismo, la guerra y la manipulación del sistema educativo ha eliminado el civismo y el amor por lo nuestro, sustituyéndolo por anti valores foráneos.
Ojalá el recuerdo de la memoria de nuestro Héroe despierte nuevamente el patriotismo entre las nuevas generaciones, especialmente de los nuevos oficiales y elementos de tropa que año con año mantienen viva la Institución Armada, base fundamental de la República.
Por la Patria y con Dios

Sgto. Guido Miguel Castro

LA HUMANIDAD DEL CHARLY MONTERROSA

Domingo Monterrosa y el pueblo Salvadoreno

Desde que era un estudiante de secundaria, Domingo Monterrosa siempre buscó ayudar a su prójimo.
Vivía sobre la 25 Avenida Norte, frente a las lavanderias del ISSS, en compañia de su hermana, a la vuelta de la comunidad Tutunichapa.
Estudiaba en el Liceo Salvadoreño, pero durante los fines de semana, preparaba a los niños pobres para que recibieran la Primera Comunión. Llegó a pensar en hacerse sacerdote, pero al final se dio cuenta que Dios le tenía destinada otra misión: la gloriosa carrera de las armas y finalmente, la vocación de Héroe de la Patria.
Cuando tuvo mando de tropa nunca abusó de su posición para maltratar a sus soldados.
Cuando faltaba alguno de sus subordinados a sus deberes, prefería imponerles ejercicios que fortalecías sus cuerpos y aumentaba su resistencia que maltratarlos o humillarlos con garrotazos, insultos y bartolina.
Durante la guerra contra Honduras tampoco permitió abusos contra los vencidos, ni violaciones a las mujeres, ni robo de propiedades y semovientes, nada fuera del orden y la ley.
El 7 de mayo de 1980 salvó a un grupo de civiles y militares que se encontraban en la Finca San Luis de morir ejecutados por orden del Coronel Majano, quien creía que dicho grupo, liderado por el Mayor Daubuisson, estaba planificando un golpe de Estado contra la Junta Revolucionaria de Gobierno. La intervención de Monterrosa les salvó la vida. Practicamente el partido ARENA le debe la vida al Charly Monterrosa.
Durante la guerra contra la agresión comunista, a pesar de las duras condiciones en las que se luchaba, nunca se desesperó ni se desquitó contra ninguno de sus soldados. Los amaba como un padre a sus hijos, los ayudaba en los escenarios de combate, combatía muchas veces en la primera linea de fuego, sin miedo, con heroismo y con hidalguía, lloraba junto a los lisiados y a los muertos en combate, nunca aplicó castigos humillantes a sus soldados, solo los hacía flexionar para que se fortalecieran sus piernas, compartía una tortilla con frijoles junto a otros dos soldados, nunca buscó privilegios junto a la tropa, solo salía del escenario de combate si existía una necesidad extrema o se le requería por parte del alto mando.
Se conmovía profundamente frente al sufrimiento de su pueblo.
Al liberar algunos pueblos, se reunía en la plaza pública con la gente y les explicaba la razón de la lucha de la Fuerza Armada, porque era gente engañada muchas veces, y la gente sentía en él a un verdadero lider.
A veces mitificamos a nuestros héroes, pero ellos tenían también un corazón humano, una parte sentimental, una faceta llena de caridad. Domingo Monterrosa era escencialmente humano, y como tal, conocía el dolor y tenía una fuerte convicción del deber, y él mismo no escatimaba dolor para cumplir con el deber, con el fin de evitar al máximo el dolor ajeno.
Llegó hasta las últimas consecuencias, con la ofrenda de su vida por su pueblo, dio vida a las palabras del Maestros: “No hay mayor amor que el del que da la vida por sus amigos”. Domingo Monterrosa sabía que podía morir, sus compañeros de promoción se lo dijeron unos días antes de morir, pero él tenía un ideal más alto por el que luchar: la paz de su pueblo, y si el precio de esa paz era su vida, estaba dispuesto a hacerlo y lo hizo.
“Juré que cumpliría y cumplí”
Por la Patria y con Dios

Sgto. Guido Miguel Castro

EL PUEBLO HABLÓ POR SUS HÉROES

Domingo Monterrosa y el pueblo Salvadoreno

Las pasadas elecciones enviaron un claro mensaje al actual gobierno: que no está de acuerdo con su forma de gobernar y que a sus héroes se les respeta.

A raíz de las funestas afirmaciones de Funes en el Mozote el pasado 16 de enero, en el que por mandato del comandante Tojeira, arremetió contra nuestro querido Charly Monterrosa y todos los héroes de nuestra gloriosa Fuerza Armada, mi Coronel Sigifredo Ocho Pérez elevó su voz de manera firme y valiente, defendiendo a nuestro héroes, lo que provocó el desatino de Funes de pretender impedir al Héroe de Cabañas alcanzar una trinchera en la Asamblea Legislativa. La Honorable Sala de lo Constitucional, al suspender el acto reclamado, permitió su participación electoral y a pesar de ocupar la última casilla en el listado de su partido, se ubicó entre los primeros cinco lugares, reflejando claramente el apoyo del verdadero pueblo salvadoreño a quien representa a nuestros héroes.

El pueblo le ha callado la boca al aprendiz de dictador y ha margado un final lleno de ignominia para el peor gobernante en la historia de El Salvador.

El respeto a la memoria de nuestros héroes representa un signo claro de unidad patriótica en la Nación salvadoreña.

Los héroes marcan las épocas de edificación de las instituciones patrias, los quiebres históricos, y Monterrosa, junto a los héroes de la guerra contra la agresión comunista, representan la época de consolidación de la institucionalidad democrática, todavía incipiente, pero edificada sobre el sudor y la sangre de los héroes.

La obsesión de Monterrosa era la paz, era su mayor anhelo, era su principal mensaje en las intervenciones que realizaba cuando se reunía con las poblaciones que sus fuerzas militares iban liberando.

Ahora se vislumbra un futuro más prometedor para este sufrido pueblo, pero todavía sus malos hijos tienen poder para desestabilizarlo, pero la voluntad popular es más poderosa.

Las nuevas generaciones deben entender el papel de los héroes como Monterrosa, el valor de su sacrificio, la altura de su concepción del honor.

Funes cometió el peor error de su gobierno: tocó la memoria histórica de un pueblo, los sentimientos más profundos, los recuerdos más queridos, los agradecimientos más sentidos, en fin, aquello que le es común a ricos y pobres, la herencia histórica de una lucha por la libertad y la paz.

Hay una tumba en la que existe una lápida con su nombre, pero el alma de Domingo Monterrosa sigue latiendo en el corazón de todo un pueblo que admiró su valentía y que se conmovió por su patriotismo.

Por la Patria y con Dios

Sgto. Guido Miguel Castro

LO DEJÓ TODO POR SU PATRIA

domingo monterrosaUna faceta poco conocida de nuestro Héroe es haberlo dejado todo por servir a su Patria. De hecho, cuando murió no dejó a sus hijos más que su estela de heroicidad y su honor, que en lo particular considero vale más que cualquier herencia en dinero o propiedades.
Domingo Monterrosa no ingresó a la carrera militar para enriquecerse, lo hizo para cumplir con su deber y sobre todo para cumplir con una misión que la vida, la historia o Dios le tenía reservada: solo él podía hacer lo que él hizo, vivir como él vivió, morir con el honor con el que solo él podía morir.
En la Guerra de la Dignidad Nacional contra Honduras en 1969, Domingo Monterrosa participó como expedicionario de la Guardia Nacional, y nadie puede decir que abusó del enemigo derrotado, ni de los pobladores de Honduras, ni de sus propiedades, ni dejó que el personal bajo su mando lo hiciera.
Vivía su carrera militar como nadie lo ha hecho, se compenetraba en sus estudios, en sus responsabilidades; convivía con la tropa bajo su mando, se preocupaba de su rancho, nunca abusó de los castigos ni de los pelotones de maniobra. Para él la preparación física tenía una finalidad dirigida al cumplimiento de la misión, y no para imponer autoridad de manera abusiva.
Nunca se le conoció ningún negocio oscuro. Durante la guerra, siempre entregó cuentas claras de los fondos utilizados en los operativos. Exigía transparencia de sus subalternos, pero él daba la pauta de honradez.
Nunca se le conocieron lujos, ni posesiones excesivas, ni viajes de placer, ni autos de lujo, ni parrandas, ni nada fuera de lo normal del escaso salario de un oficial del Ejército.
Rechazó la posibilidad de entrar al Alto Mando de la Fuerza Armada, decidió seguir operando, a la par de sus soldados, defendiendo a la Patria a riesgo de su propia vida.
El desapego a las cosas materiales es una característica inobjetable de las almas heroícas como la de Domingo Monterrosa.
¿Por qué? simple, saben que en la tierra están solo de paso. Consideran que la vida es un soplo, una vela nocturna, un suspiro. Entonces no hay apego a nada, porque hay conciencia que todo se dejará y que lo verdaderamente valioso está más allá de la vida mortal y de los simples bienes materiales.
Ni siquiera el poder significa nada. Para Domingo Monterrosa el mando era un medio de interacción con sus subalternos, no un fín en sí mismo, por eso nunca fue un déspota.
Todo esto se resume en la virtud de la humildad, la cual siempre caracterizó al Charly: nunca vió a nadie de menos, nunca consideró a nadie menos que él mismo.
Ahora goza de la gloria eterna, de la visión beatífica de Dios, de la paz que supera cualquier sensación terrenal. Vive en la luz, vive en la gloria, vive en el corazón y la mente de todos los que lo admiramos y pretendemos imitarle aunque no lleguemos ni a la sombra de su personalidad.
Por la Patria y con Dios.

Sgto. Guido Miguel Castro

LA HEROICIDAD DE DOMINGO MONTERROSA

Domingo Monterrosa y el pueblo salvadorenoDecir que Domingo Monterrosa no se ganó el título de HEROE en la historia salvadoreña es una falacia marcada de ignorancia, cinismo y revanchismo.
Defender la Patria hasta la ofrenda de su propia vida es la maxima expresión de heroismo, porque se muere por una causa, un ideal, una Nación y un Pueblo. Murió por la paz, por la libertad y por la Patria.
Un día juró hacerlo y lo cumplió, pudo haber evadido la muerte, pudo aceptar un puesto dirigente en el Estado Mayor o en el Ministerio de la Defensa Nacional, pero escogió el campo de batalla, escogió la primera línea de fuego, escogió estar a lado de sus soldados, gente del pueblo, humildes, pero aguerridos.
La heroicidad ganada a fuerza de muchas batallas es una característica que le acompañará por los siglos de los siglos, como los antiguos héroes atenienses o espartanos.
Desde los inicios de su formación militar se negó a sí mismo, rebazando su propia voluntad y resistencia natural, adquiriendo capacidades sobrenaturales, de titán, de un Apolo de los nuevops tiempos.
Se exigía arriba de los límites que establecían sus instructores y maestros. Sabía que un día la Patria y la vida se lo exigirían todo, hasta la vida, lo que nadie quiere dar, pero que él dió libremente, porque amaba profundamente a su Patria.
Contrario a sus detractores, que buscaron siempre mancillar el honor patrio, la soberanía nacional y la dignidad del Pueblo, Domingo Monterrosa siempre vivió pensando cómo servir mejor a su Patria y como lograr que otros lo hicieran. De hecho, todos los soldados que murieron a su lado desde 1981 hasta su muerte, murieron felices porque morían al mando de un héroe y solo era cuestión de tiempo para reagruparse en el cielo.
En la antiguedad los pueblos creaban héroes tratando que sus guerreros fueran semi dioses, pero en la actualidad nuestros héroes son plenamente humanos, y más humanos que el resto de los hombres, porque amaron, lucharon y se donaron a plenitud, como lo hace un verdadero hombre.
Domingo Monterrosa fue perfectamente humano, perfectamente soldado, perfectamente héroe y así permanecerá en el corazón de los verdaderos salvadoreños, no así en la mente de los apátridas que buscan dañar su imagen.
Descansa buen soldado!!! Descansa que ahora ha llegado el tiempo del premio bien merecido!!!
Por la Patria y con Dios

Sgto. Guido Miguel Castro

EL SALVADOR NECESITA DE SUS HÉROES

La decadencia moral en la que nos sumió la guerra, la degradación del sistema educativo salvadoreño y la corrupción galopante de los gobiernos de turno, nos lleva a volver la vista hacia la reserva moral que representan nuestros héroes de la Fuerza Armada, encabezados por el Teniente Coronel Domingo Monterrosa Barrios.
Un hombre como èl, que es capaz de jurar un día defender la Patria aún a costa de su propia vida, y lo cumple, es digno del reconocimiento eterno de la Nación por la que ofrendó su vida.
Esa es palabra de honor, eso es actuar con honor, eso es vivir para la eternidad con honor, y no hay mejor ejemplo a seguir por las nuevas generaciones que el de los hombres que han comprendido hasta las últimas consecuencias lo que significa HONOR!!!
Por ello resulta ridículo que polìticos de turno, que ayer no eran nada y mañana quien sabe qué serán, vengan ahora, por mandato de sus maestrillos de la UCA a cuestionar el honor de un Héroe que encarna el espìritu nacional. No es posible.
Por ello, hagamos oidos sordos a los ladridos de los perros del camino y digamos como Don Quijote: “Ellos ladran porque nosotros caminamos…”
Hagamos entonces camino al caminar, llevemos la luz de su ejemplo a las nuevas generaciones, divulguemos su obra y mostremos la pléyade de héroes que han elevado por lo màs alto a la Instituciòn Armada.Por la Patria y con Dios

Sgto. Guido Miguel Castro

DOMINGO MONTERROSA

Nacistes en una ciudad cerca del cielo,
llevando la sangre de Barrios en tus vesnas,
nacistes el día del Señor,
de ahí tu nombre, de Él venías y a Él volverías.
Fuistes arrullado por el zenzontle y el talapo,
te perfumaron la flor del café y el azahar,
el aire de montaña fortaleció tu cuerpo,
los cantos de los ángeles tu espíritu.
Las primeras letras corrieron contigo
en calles empedradas y vientos de octubre.
Pero el águila debía emprender vuelo.
Llegastes al San Salvador pujante de los 50,
te perfeccionastes en el Isidro y en el Liceo,
sin querer asumistes la rapidez del escorpión
y la fuerza del león, ¡vaya combinación para la guerra!
Trazastes dos caminos para decidir:
la consagración sacerdotal o la consagración de las armas,
escogistes la segunda, ambas te llevarían al cielo.
Entrastes con coraje y decisión a la Escuela Madre,
a la Cuna de Valientes,
Por la Patria, ¡Vencer o Morir!
Barrios!!!!!!!! Pelotón de maniobra, práctica de tiro,
Academia, especializaciones, dominio del cuerpo,
imperio del espíritu, hambre, sed, cansancio,
alma de acero, espíritu guerrero, ánimo espartano.
Traje de Gala, juraste a la Bandera…
“—aún a costa de vuestra propia vida!!!!!!”
¡Sí lo juramos!!!!!!!!
Aquel juramento quedó vibrando para siempre en tu alma
Es lo que le dió sentido a tu vida…
Superastes todas las pruebas, con honores…
algunos decían fuerza excepcional…
tú sabías que simplemente era coraje…
Fuistes de Expedicionario a Honduras…
actuastes con honor, no abusastes del derrotado,
regresastes como Héroe y permanecistes así para siempre…
Fundastes la hermandad de la seda,
nos enseñastes que el parachute no muere,
solo se reagrupa en el cielo…
Huragan!!!!, el simpático Huragán,
fiel compañero, en la tierra y en el cielo,
también murió como héroe en Amatecampo,
llorastes en silencio su partida,
se reencontrarían en el reagrupamiento celestial.
Los tambores de guerra sonaban,
los apátridas planeaban la perdición de la Patria,
Tú permanecías siempre alerta al llamado,
y como era de esperar, fuistes el escogido,
el único soldado capaz de tal misión,
fundar el BIRIA…
Lo hicistes a tu modo, con tu carisma, con tu lema:
POR LA PATRIA Y CON DIOS!!!!
Con el símbolo de la resistencia del invasor:
Atlacatl el joven,
cuya sangre corre entre los guerreros que escogistes.
Los llevastes al límite como era tu costumbre.
Siempre es posible dar más porque el dolor no existe,
es una ficción de los cobardes.
Darse a la Patria, cumplir la misión, no había otro camino.
Las hordas invasoras temblabn ante el empuje de tu fuerza,
la llegada de los comandos aerotransportados
ponía en desvandada a los bandidos,
tus patrullas de reconocimiento eran fantasmas de la noche,
tus fuerzas de choque eran demoledoras,
el valor era a toda prueba,
el resultado solo uno: la victoria.
Marchabas al frente, en la primera linea de fuego,
sin privilegios, junto a tu tropa, eras un padre
más que un comandante,
Ante la orden dada tuvistes que partir,
A la Tercera que ahora lleva tu nombre,
y comandastes las operaciones
de la zona más herida de la madre Patria.
Asumistes como soldado y dejastes al BIRIA en buenas manos.
Pero la muerte rondaba traidora,
eran muchos los intereses,
que superaban el arte de la guerra,
no te soportaban los mercaderes del dolor,
eras su principal enemigo,
y la mano traidora actuó…
pensaron que te había matado,
solo te liberaron y te enviaron al Señor,
tu estatura de héroe los perseguirá siempre,
hasta el final de los tiempos,
muchos pretenderán manchar tu recuerdo,
solo nos unen más a tus hijos,
que en todo momento estamos en orden de batalla.
¡Por la Patria y con Dios!
¡Monterrosa Vive!

Sgto. Guido Miguel Castro