MONTERROSA ES EL SÍMBOLO DEL VERDADERO PUEBLO SALVADOREÑO

El Teniente Coronel Domingo Bonterrosa Barrios es la síntesis y el símbolo del verdadero pueblo salvadoreño, ya que resume en su persona y en su espíritu la historia y la gloria de un pueblo, la valentía y el honor, la garra y el coraje del espíritu salvadoreño que nunca se ha acobardado ante las viscicitudes de la vida y de la historia.

En su sangre se unieron la hidalguía indígena y la nobleza española, su carácter era el de los antiguos caballeros medioevales para quienes el honor determinaba su vida, y por otra parte encarnó la valentía del indígena que en total desigualdad de condiciones se enfrentó a las armas de fuego y fue capaz de herir al propio Alvarado dejándolo cojo para toda su vida.
Monterrosa amaba profundamente a su pueblo y se compadecía de él porque venía de allí. Jugó, estudió, lloró y gozó en las empedradas y polvosas calles de Berlín, se educó con los del pueblo, y cuando volvió, lo hizo para liberarlo del yugo comunista que lo mantenía esclavizado en los enclaves guerrilleros, prezas del miedo y bajo la amenaza de muerte.
Nunca dirigió su fusil contra el pueblo, solo contra los enemigos del pueblo, se sacrificó hasta derramar la última gota de sangre, sabía que lo haría y no rehuyó de la muerte, más bien salió a su encuentro porque los seres eternos saben que la muerte solo es el principio de la felicidad.
Monterrosa nunca perdió la humildad que caracteriza al hombre del pueblo, nunca se avergonzó de su origen, nunca se enriqueció ilícitamente, lo sirvió hasta el extremo de dar la vida, la dió como quien entrega lo que no es suyo, porque como buen paracaidista, sabía que el verdadero reagrupamiento es en el cielo, no en la tierra.
Algún día la historia sabrá reconocer las virtudes de “Carlos”, algún día se erigirán monumentos hasta donde libremente podremos recordarlo los que lo admiramos y amamos de verdad, algún día la nación sabrá agradecerle todo el bien que le hizo, porque en los días más aciagos del conflicto, él supo dar la mayor cuota de sacrificio del ejército, dirigió a los mejores soldados porque él era el mejor soldado que ha parido el Glorioso Ejército Nacional.
¡Loor al único heredero legítimo de Arce y Barrios!
¡Gloria al Hijo Meritísimo de la Patria!
Por la Patria y con Dios

Sgto. Guido Miguel Castro

MONTERROSA Y EL PUEBLO

El Teniente Coronel José Domingo Monterrosa Barrios era ante todo un hombre del pueblo. De aspecto humilde, nunca entró en los esquemas de los jefes plagados de medallas, no él ante todo era soldado, se vestía como un soldado, luchaba como el mejor de los soldados, comía junto a los soldados, congeniaba con los soldados, con los hijos del pueblo, sufría con ellos, se desvelaba con ellos y velaba por ellos.
Su gran aspiración era liberar al pueblo más humilde, a los campesinos, del flagelo de los delincuentes terroristas que en base al miedo los obligaban a apoyarlos en las retaguardias estratégicas y a ser usados como carne de cañon y escudos humanos.
Nunca le robó al pobre, nunca exigió, siempre pidió de favor y recompensó los servicios que se le prestaban.
Su vestir era el del hombre humilde, nunca tuvo nada y por eso no cuidaba nada, lo arriesgaba todo, porque desde que pronunció con hidalguía su juramento a la bandera, se dio cuenta que lo había entregado todo a la Patria, hasta su propia vida, por eso coqueteaba con la muerte, era su compañera en los combates, en cierta medida ella lo respetaba.
Nunca vio de menos a nadie, solo a los rastreros traidores a la patria, siempre reconoció el valor de cada persona, de cada soldado, de cada clase, de cada oficial, por Monterrosa no costaba dar la vida.
Cuando se dirigía a la gente de las zonas liberadas de terroristas, lo escuchaban y sentían que les transmitía seguridad, confianza. Hablaba como la gente compun y corriente, nunca rebuscó las palabras de su mensaje, siempre se ponía en el lugar de quien lo escuchaba.
Nunca escribió nada, porque solo tenía tiempo para combatir. Sabía que cada segundo contaba para luchar por alcanzar la paz, él nunca peleó por generar más guerra, él quería acabar con la guerra porque esta hacía sufrir a la gente.
Pocas personas han amado tanto a su pueblo como Monterrosa Barrios y pocos han sido tan incomprendidos como él.
Su problema era que su personalidad y comportamiento hacían ver mal a otros, cuando se le proponía como ejemplo a seguir pocos eran capaces de emularlo, porque hacerlo implicaba dejarlo todo y entregar hasta la vida, sin medida, sin límites, entrega total a la Patria, hasta la última gota. Amó a su pueblo hasta el rictus del dolor.
Qué honor el de aquellos que combatieron junto a él y que gloria para los que murieron con él. Qué envidia de los que murieron bajo su mando o su inspiración y qué compromiso para los que sobrevivimos y lo tenemos como el paladín de la verdad. Si no continuamos con su legado entonces somos unos hipócritas, pero si lo hacemos, aún a costa de nuestra propia vida, seremos merecedores que se nos coloque con sangre la bella insignia de nuestro BIRI Atlacatl, similar a una orden de caballería, merecedora solamente para aquellos que han comprendido lo que significa el honor, la lealtad, la hidalguía, el amor patrio.
Sus manos eran encallecidas, reflejo de toda una vida llena de sacrificios, sus botas siempre polvosas de recorrer los caminos y veredas de El Salvador, sus uniformes siempre desgastados por el uso en el combate, su fusil siempre al rojo vivo y con el selector en ráfaga, su corazón siempre desbordante de amor patrio.
Su sombrero llegó a ser un símbolo, empapado por el sudor y privilegiado de cubrir la cabeza del mejor soldado salvadoreño, su cuchillo al pecho, listo para el combate cuerpo a cuerpo, sus cargadores llenos siempre prestos al combate, su mirada siempre lista para la acción.
¡José Domingo Monterrosa Barrios! Vivirás en el corazón de los humildes porque solo ellos pueden comprenderte ya marte porque tú eras uno de ellos.
Por la Patria y Con Dios

Sgto. Guido Miguel Castro

EL 23 DE OCTUBRE TODOS NOS QUEDAMOS HUERFANOS

Cuando empezó a difundirse la noticia de la muerte de mni Charly Monterrosa todos los que ya portaban el uniforme y los que aspirbamos a portalos, nos quedamos huérfanos, junto a él murió una parte de nuestro corazón hasta el día en que junto al Señor nos pase revista en el Cielo.
Al morir Monterrosa Barrios se moría lo mejor del Ejército Nacional, sin faltar a la memoria de tantos hermanos jefes, oficiales, clases y soldados que ofrendaron su vida por la Patria, sin ofender al resto de la oficialidad que nos condujo durante la guerra, sin faltar a todos ellos, puedo afirmar sin temor a equivocarme que José Domingo Monterrosa Barrios ha sido el mejor soldado que ha parido el ejército nacional.
Sin embargo la hostoria no lo ha juzgado en su correcta dimensión, las autoridades civiles no han dimensionado el papel que desempeñó en la guerra durante su vida y despúes de su cobarde asesinato. Porque él nos sirvió a muchos de inspiración para salir vivos de la guerra, para no desmayar en los momentos más cruentos del combate, a no bajar la guardia cuando el cansancio, el hambre y la voluntad nos traicionaban. En ningún lugar, fuera de las unidades militares, puede observarse una plaza o un monumento al Heroe de Joateca, por el contrario se lo han levantado a terroristas como Arafat o a perfectos desconocidos para nuestra cultura solo por quedar bien con determinados gobiernos.
Con Monterrosa todos empezamos a morir porque su muerte no fue con honor, fue traicionera, ignominiosa, y desgraciadamente a quienes les tocaba investigar no lo hicieron.
Me imagino el dolor de los miembros del Batallón Atlacatl y de la Tercera Brigada, una extraña mezcla de rabia, impotencia y dolor. No poder hacer nada en ese momento, no haberle dado ni siquiera el honor de haber muerto en combate, era inconcebible.
En ese momento los verdaderos patriotas nos quedamos huérfanos del hombre que representaba la lucha con honor, el patriotismo, el hombre que resumía las aspiraciones de todos los hombres que a lo largo de la hostoria habían luchado por los más altos intereses de la Patria.
Pero como dignos hijos de tal Padre, nuestro dolor tiene que traducirse en lucha por mantener vivos los ideales de Monterrosa Barrios, en honor al vivir tal como él vivía, en lealtad a la Patria, en amor por nuestros hermanos salvadoreños. Ese será el mejor homenaje que podemos rendirle a nuestro querido y recordado Teniente Coronel José Domingo Monterrosa Barrios, quien ¡Murió por la Patria!
Por la Patria y con Dios

Sgto. Guido Miguel Castro