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LO DEJÓ TODO POR SU PATRIA

domingo monterrosaUna faceta poco conocida de nuestro Héroe es haberlo dejado todo por servir a su Patria. De hecho, cuando murió no dejó a sus hijos más que su estela de heroicidad y su honor, que en lo particular considero vale más que cualquier herencia en dinero o propiedades.
Domingo Monterrosa no ingresó a la carrera militar para enriquecerse, lo hizo para cumplir con su deber y sobre todo para cumplir con una misión que la vida, la historia o Dios le tenía reservada: solo él podía hacer lo que él hizo, vivir como él vivió, morir con el honor con el que solo él podía morir.
En la Guerra de la Dignidad Nacional contra Honduras en 1969, Domingo Monterrosa participó como expedicionario de la Guardia Nacional, y nadie puede decir que abusó del enemigo derrotado, ni de los pobladores de Honduras, ni de sus propiedades, ni dejó que el personal bajo su mando lo hiciera.
Vivía su carrera militar como nadie lo ha hecho, se compenetraba en sus estudios, en sus responsabilidades; convivía con la tropa bajo su mando, se preocupaba de su rancho, nunca abusó de los castigos ni de los pelotones de maniobra. Para él la preparación física tenía una finalidad dirigida al cumplimiento de la misión, y no para imponer autoridad de manera abusiva.
Nunca se le conoció ningún negocio oscuro. Durante la guerra, siempre entregó cuentas claras de los fondos utilizados en los operativos. Exigía transparencia de sus subalternos, pero él daba la pauta de honradez.
Nunca se le conocieron lujos, ni posesiones excesivas, ni viajes de placer, ni autos de lujo, ni parrandas, ni nada fuera de lo normal del escaso salario de un oficial del Ejército.
Rechazó la posibilidad de entrar al Alto Mando de la Fuerza Armada, decidió seguir operando, a la par de sus soldados, defendiendo a la Patria a riesgo de su propia vida.
El desapego a las cosas materiales es una característica inobjetable de las almas heroícas como la de Domingo Monterrosa.
¿Por qué? simple, saben que en la tierra están solo de paso. Consideran que la vida es un soplo, una vela nocturna, un suspiro. Entonces no hay apego a nada, porque hay conciencia que todo se dejará y que lo verdaderamente valioso está más allá de la vida mortal y de los simples bienes materiales.
Ni siquiera el poder significa nada. Para Domingo Monterrosa el mando era un medio de interacción con sus subalternos, no un fín en sí mismo, por eso nunca fue un déspota.
Todo esto se resume en la virtud de la humildad, la cual siempre caracterizó al Charly: nunca vió a nadie de menos, nunca consideró a nadie menos que él mismo.
Ahora goza de la gloria eterna, de la visión beatífica de Dios, de la paz que supera cualquier sensación terrenal. Vive en la luz, vive en la gloria, vive en el corazón y la mente de todos los que lo admiramos y pretendemos imitarle aunque no lleguemos ni a la sombra de su personalidad.
Por la Patria y con Dios.

Sgto. Guido Miguel Castro